Me encuentre en un velatorio, ese día yo era una persona no muy cercana a los dolientes, nadie me veía a mi y en el centro de la sala ya estaba instalado un ataúd, dentro de el se encuentra el cuerpo de la persona muerta con una pequeña puerta abierta para ver el rostro, en ese momento me di cuenta que en toda mi vida no había visto a un muerto a la cara.
Tras unos minutos llegó a la sala una anciana que con dificultad caminada con unas pantuflas acolchonadas, era la hermana del muerto, la señora llegó con los parientes más cercanos y empezó a llorar, era difícil no sentir tanto sentimiento, pero lo más fuerte es cuando la señora con su lento caminar se acerco al centro, observó el rostro y abrazó el ataúd con ternura y una fuerza que yo no pude soportar, se me destrozo el corazón, uno no puede soportar que después de tantos años alguien derroche desde el corazón tantas lagrimas.
Salí huyendo de la sala, necesitaba encontrar un lugar seguro y de calma, pase por otras salas, era ver rostros desgajados, tristes, con mil sentimientos porque su pariente, su amigo, su amor estaba muerto. No sé si el que mi padre nos alejara de la familia fuera una protección ante tal dolor, porque yo solo recuerdo ser un infante y tratar de asomarme a un ataúd, pero mi altura o el ojos sagaz de mi madre nunca permitieron que yo viera el rostro del muerto.
Llegue hasta unas fuentes de la funeraria, el correr del agua y las estrellas me hicieron relajarme y empezar a disfrutar estar solo, porque en ese momento podía escuchar solo mi interior, pensamientos locos como ¿está mi corazón esta latiendo?, y si efectivamente funcionaba porque en él esta guardado el amor hacia varias personas; también con toda intención alce mi brazo para ver mis manos y ver que estas respondían ante lo que me decía que yo no era un muerto, no, no puedo serlo.
Entre tantas lucubraciones, la sensación de ir a ver el rostro de aquel cuerpo se volvía más y más interesante, pero me pregunte: - ¿Es morbo?, fue suficiente para acallar mi cabeza y sentarme en una banca, hacía frío, pero no era porque la muerte se estaba apoderando de mi cuerpo, era porque la noche era fría, pero yo no lo sentía la gente a mi alrededor me daba su calor, allí podía ver la estrellas como también podía ver que lo aquella viejita lloraba no era el rostro, sino lloraba los millones de caras que habían en sus recuerdos.
De ese momento empecé a ver mi infancia, fui un niño feliz, hice travesuras, bueno realmente las seguí haciendo durante toda mi vida, tuve mucho dolor pero es la muestra que supe amar hasta que me doliera, hoy después de entender todo eso no me importo mirar hacia ese rostro, tan solo vi la de mis seres queridos rodeándome y mi hermana, esa viejita que aun lloraba tratando de abrazarme, a la que susurre que la estaría esperando muy pronto y después vi una luz que me llamo a descansar en paz.
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